El poeta y narrador, Manuel Vilas, será el próximo protagonista del Ciclo Literario ‘Río de Letras’ que tendrá lugar el 10 de septiembre en la Fundación Pedro Cano (20.30H). Vilas presentará su último libro, Ordesa, un best seller con numerosas ediciones, miles y miles de libros vendidos y preparado para ser traducido a varios idiomas. Para muchos, está considerado como el mejor libro de 2018 y uno de los más vendidos en España.

Vilas ofrecerá un coloquio junto a Pepe Belmonte, Crítico Literario, Escritor y Profesor de la Universidad de Murcia

 

El autor

Manuel Vilas (Barbastro, 1962) es poeta y narrador.

Entre sus libros de poesía destacan El cielo (2000), Resurrección (2005; XV Premio Jaime Gil de Biedma), Calor (2008; VI Premio Fray Luis de León), Gran Vilas (2012; XXXIII Premio Ciudad de Melilla) y El hundimiento (2015; XVII Premio Internacional de Poesía Generación del 27). Su poesía reunida se publicó en 2010 con el título de Amor, y su Poesía completa en 2016. Es autor de las novelas España (2008; Punto de Lectura, 2012), que fue elegida por la revista Quimera como una de las diez novelas más importantes en español de la primera década del siglo XXI, Aire Nuestro (Alfaguara, 2009; Premio Cálamo), Los inmortales (Alfaguara, 2012) y El luminoso regalo (Alfaguara, 2013). También ha escrito libros de relatos como Zeta (2014) y Setecientos millones de rinocerontes (Alfaguara, 2015). Ha recopilado sus estados de Facebook en el libro Listen to me (2013). En 2016 se editó la crónica Lou Reed era español. Su último libro publicado es el autobiográfico América (2017). Además de los citados, ha ganado el X premio Llanes de Viajes y el Premio de las Letras Aragonesas (2015). Su obra figura en las principales antologías nacionales tanto de poesía como de narrativa. Escribe habitúalmente en prensa.

Ordesa es la crónica de una orfandad o quizá de un desamparo profundo, el del narrador de esta historia y puede que también, por lograda sinécdoque, el de toda la clase media-baja española en las últimas décadas del siglo XX y primeras del siglo XXI.

El desencadenante de la historia narrada es la muerte de la madre, a comienzos de 2014, casi una década después de que lo dejara también su padre a causa de un cáncer de colon. Un segundo luto que viene agravado por el casi simultáneo divorcio del narrador. Un narrador sin nombre de 52 años —aunque un tío paterno afincado en Galicia al que no ha visto en los últimos 30 años lo identifique al teléfono en algún pasaje como Manolito—, un escritor, nacido en un pequeño pueblo del norte de España llamado Barbastro, que se parece mucho al autor de carne y hueso.

Y ese doble luto lo narra una primera persona en tono confesional desde ese presente cercano en el que ya ha dejado definitivamente la bebida y sus estragos, en un solitario piso de divorciado de Zaragoza, al que visitan a regañadientes sus dos hijos adolescentes. El relato avanza entre la cotidianidad casi monacal de su nueva vida sin asideros (ha dejado también las clases de instituto con las que se ganó el sustento durante décadas para dedicarse exclusivamente a la literatura) y algún viaje esporádico en coche a Madrid. Como, por ejemplo, cuando fue invitado a la ceremonia de recepción del Premio Cervantes de aquel año. A partir de allí la crónica se expande hacia el pasado y el presente y cobra una dimensión mucho más vasta y trascendente que la propia historia familiar, íntima o personal del narrador.

Tributo o póstuma carta de amor a sus padres ausentes, Ordesa es un relato híbrido, estructurado en breves capítulos enlazados de manera aparentemente azarosa o falsamente caótica, que indaga con notable intensidad sobre el desamparo y el desarraigo en todas sus manifestaciones y formas. Desde la contundente prosa poética, a la cristalina o diáfana postal del recuerdo o la ácida estampa del presente sazonada con un sentido del humor implacable, pasando por la aguda reflexión política y social sobre la historia española reciente.

Y, en definitiva, tanto da la identidad del narrador y la de los personajes, cuya vida desgrana (personajes todos ellos que el narrador con pericia enmascara tras los grandes nombres de la música: el anónimo viajante de comercio que le dio la vida es Bach; su madre, Wagner, por su carácter vitalista y paganamente solar; un desequilibrado tío materno recibe el nombre de Monteverdi, sus hijos son Valdi y Bra como diminutivos de Vivaldi y Brahms…), porque poco importa la cuota de realidad y ficción que se combinan en este libro.

Poco importa, entre otras cosas, porque Ordesa, rezuma una profunda verdad, que va más allá incluso de las fotografías familiares intercaladas en el texto a la manera de testimonio icónico. La verdad que construye una honesta primera persona que no hace concesiones y está dispuesta a narrarlo todo, incluso aquello vergonzoso o humillante que el recuerdo astutamente le vela. Quizá porque, en el fondo, la materia de Ordesa no sea otra que la vulnerabilidad de lo que somos, el dolor de la pérdida, y la precaria afirmación de lo que nos sostiene en nuestro día a día, que suele ser a menudo la ausencia de aquellos que hemos amado.

Y lo que sostiene en este caso, el coraje narrativo de una voz tan desgarradora como elocuente, se encuentra en el mismo título del libro: en valle de Ordesa al pie del Monte Perdido, en el Pirineo oscense, donde una lejana y luminosa mañana de 1969 su padre pinchó un neumático de su humilde Seat 850. Esa misteriosa y apacible escena de infancia encierra el núcleo de una obra, la más valiente, íntima y lograda de Manuel Vilas hasta la fecha, que quizá no encuentre otra mejor forma de expresión, más idónea y reveladora, que a través de la poesía. No en vano el autor añade en el agradecido epílogo final, «La familia y la Historia», un puñado de poemas que parecen condensar o sintetizar el libro mucho mejor que cualquier voluntariosa sinopsis. Puede incluso que Ordesa en su conjunto no sea más que una glosa o comentario a ese conjunto de poemas desgarradores, entrañables, contundentes y ácidos a su manera, en los que de un modo u otro todo lector se verá reflejado.

 

Lo que otros dicen sobre ORDESA

«Este es el libro que necesitábamos todos nosotros. Desde la primera hasta la última sílaba es nuestro libro.»

Juan Cruz Ruiz

 

«Un escritor único, brillante y desprejuiciado, que va por libre y al que no le importa arriesgar.»

Sara Mesa

 

«Manuel Vilas sabe mirar más allá de los tristes lugares comunes. Su escritura está hecha de sabiduría, es decir, de amor.»

Elvira Navarro

 

«El gran signo que diferencia al autor de sus coetáneos de nuestra actual narrativa innovadora es el alejamiento de impostados cosmopolitismos y un enraizamiento español sin complejos, lúcido, crítico y de alcance universal.»

Santos Sanz Villanueva, El Cultural

 

«Vilas tiene talento doble de narrador y de poeta: cuenta el tránsito y aísla el momento, se deja llevar por el fluir de la escritura igual que por el del viaje, y se detiene en estampas de situaciones y espacios que son poemas en prosa y polaroids verbales.»

Antonio Muñoz Molina

 

«La voz de Vilas tiene una cualidad a la vez torrencial y cristalina, de idioma sinestésico, libérrimo y asociativo, que produce esa absurda y sombría alegría de vivir.»

Alejandro Gándara, El Boomeran(g)

 

«Manuel Vilas es probablemente el escritor más peligroso que hay ahora mismo en España. Peligroso en el sentido de singular, independiente e irreductible a todas las convenciones.»

Javier Calvo, Quimera